Construcción del Capitolio Nacional de Cuba por Germán J. Miret
Construcción del Capitolio Nacional de Cuba por Germán Miret
(Publicado originalmente en Herencia, vol. 32, núm. 1, abril de 2026, p. 9–10. Artículo de Germán J. Miret, "Construcción del Capitolio Nacional de Cuba".)
Todo el que haya visitado la ciudad de La Habana, seguramente se llevó entre sus recuerdos la impresionante vista del Capitolio Nacional.
El lugar, a principios del siglo XIX, era una ciénaga y un vertedero de basura situado en extramuros, o sea fuera de la muralla que protegía a la ciudad por tierra. En 1817, se inauguró allí, por iniciativa de la Real Sociedad Patriótica, el Jardín Botánico de La Habana. Pero en 1834, el Jardín fue trasladado a lo que es hoy la Quinta de los Molinos cerca de la loma de Aróstegui, lugar donde está situado el Castillo del Príncipe. Al quedar vacíos esos terrenos, en ese mismo año, se comenzó la construcción de la estación de trenes llamada de Villanueva que uniría La Habana con Bejucal y al año siguiente con Güines, siendo así el primer país de Hispanoamérica en construir una línea de ferrocarril, inclusive antes que la misma España. La estación se inauguró en 1837.
En 1863 se comienza la demolición de la muralla de la ciudad. La muralla era la línea divisoria entre lo que era La Habana hasta ese momento y todo el desarrollo que vendría después. Quedó así, al oeste y sureste de la ciudad una gran explanada donde se construyó la Alameda de Extramuros, terminando en una rotonda en la que se erigió una estatua a Isabel II, esa rotonda terminó siendo el Parque Central de La Habana y la estatua de la reina sustituida por la de José Martí. En los alrededores se hicieron parques y la Alameda terminó siendo el Paseo del Prado; surgieron entonces distintos negocios y hoteles como el hotel Inglaterra en 1875, restaurantes y teatros, como el Gran Teatro, que convirtieron la zona en uno de los sitios de entretenimiento preferidos por los habaneros. Al final del paseo estaban el parque de Marte con la fuente de la India; cerca de allí la familia Aldama tenía su “palacio” y por supuesto ya estaba en pleno funcionamiento la Estación de Villanueva.
En 1910, siendo presidente de la república José Miguel Gómez, el gobierno negocia con la compañía Ferrocarriles Unidos, entregando los terrenos del antiguo Arsenal de La Habana a cambio de los terrenos que ocupaba la Estación Villanueva. Se dice que “cambió la vaca por la chiva”, ya que los terrenos del arsenal eran casi el doble de superficie que los de la Estación de Villanueva. Esto propició que se acusara a José Miguel Gómez de malversación.
La idea era construir en el lugar el Palacio Presidencial ya que el presidente estaba residiendo y trabajando en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, situado en la Plaza de Armas.
El Congreso aprobó un presupuesto de un millón de pesos para la construcción y se convocó a un concurso para escoger el diseño que aprobaría un jurado. A pesar de que se presentaron 23 proyectos en el que participaron inclusive arquitectos extranjeros, ninguno fue seleccionado.
El presidente Gómez designó entonces un jurado con menos personas para que revisaran los proyectos que quedaron en los primeros lugares y entre ellos escoger uno, aunque necesitara alteraciones para que cumpliera con los requisitos o bases del concurso. Finalmente, se escogió el presentado por dos arquitectos cubanos padre e hijo, Eugenio Raynieri Sorrentino y Eugenio Raynieri Piedra. Los Raynieri habían titulado su proyecto “La República”. El segundo paso fue escoger, por subasta, la compañía que realizaría la construcción y quedó como ganadora la compañía de los Raynieri. Por cierto, Raynieri Sorrentino fue el autor de la entrada del cementerio Colón en La Habana además de otros edificios muy conocidos.
El edificio diseñado tenía 100 metros de ancho por 70 de fondo. Se le hicieron unos cambios y el costo subió a un poco más del millón aprobado. Se comenzaron entonces la obras lentamente.
En 1913, es electo presidente el mayor general Mario García Menocal, pero no estando de acuerdo con la localización del edificio como residencia del primer mandatario, sugirió entonces que se fabricara lo que vendría a ser el Palacio Presidencial en la Quinta de los Molinos y que la edificación que se construía en los antiguos terrenos de la Estación de Villanueva se dedicara al Poder Legislativo, esto es la Cámara de Representantes y el Senado. Finalmente, el Palacio Presidencial fue construido e inaugurado en 1920 a unos 500 metros del canal de entrada a la bahía de La Habana. Hoy es el museo de la revolución.
Regresando a la construcción del Capitolio. Se hicieron nuevos cambios al proyecto inicial para añadir dos edificios llamados hemiciclos -por ser en forma de medio círculo- uno a cada lado de la fachada, que albergarían, uno a la Cámara de Representantes y el otro al Senado de la República. Después de este cambio, el edificio pasó de 100 metros a 140 de ancho y de 70 metros a 75 de fondo.
Ya la cúpula había sido instalada, pero se destruyó para hacerla más grande. Como la nueva cúpula era mucho más pesada hubo que reforzar los cimientos y realizar otros grandes cambios estructurales.
El costo de construcción comenzó a elevarse, los materiales y la mano de obra habían subido de precio y Menocal se vio obligado a semi paralizar los trabajos en 1917. Ya para 1921 el nuevo presidente Alfredo Zayas interrumpió definitivamente la construcción, el edificio quedó prácticamente abandonado y se decidió alquilar los terrenos circundantes a distintos negocios, el mayor era un parque de diversiones llamado Havana Park, con distintos aparatos para disfrute de los niños, también se instalaron en los terrenos salas de juego para adultos, restaurantes, bares, etc. Además, en una esquina del lugar la gente botaba desperdicios y esa zona se convirtió en un basurero.
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