SÍMBOLOS DE LA CUBA ETERNA Por: Néstor Carbonell Cortina
SÍMBOLOS DE LA CUBA ETERNA Por: Néstor Carbonell Cortina
En 1849, un poeta cubano llamado Miguel Teurbe Tolón diseñó la bandera que hoy conocemos. Tres franjas azules, dos blancas, un triángulo rojo y una estrella. Nada fue al azar. Las tres azules representaban los tres departamentos que dividían la isla; el triángulo rojo, los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que venían de Francia; la estrella, una nación independiente. Cada color, cada línea, tenía un propósito: contar la historia de un pueblo que quería ser libre.
El Escudo de la Palma Real es igual. Fue diseñado por el mismo Teurbe Tolón y es prácticamente un mapa de Cuba en forma heráldica. Arriba, el mar con una llave que simboliza el control del Golfo de México. Un sol naciente iluminando el futuro. Abajo, la palma real —el árbol más útil que ha conocido Cuba—, rodeada de montañas. Un gorro frigio coronando todo, el mismo que usaban los hombres libres en la antigüedad. Un haz de varas unidas con una cinta roja: la unión de todos los cubanos.
Estos símbolos fueron oficializados en 1906 bajo el primer presidente republicano, Tomás Estrada Palma, y desde entonces no han cambiado. Punto fijo en un mundo que se mueve constantemente. Mientras gobiernos van y vienen, mientras la política se retuerce en mil direcciones, la bandera y el escudo permanecen. Eso dice algo sobre su poder.
Néstor Carbonell Cortina, historiador y abogado que vivió la Cuba republicana antes de partir al exilio, ha dedicado parte de su obra a explicar estos símbolos como expresiones de la “Cuba Eterna”—una idea que va más allá de cualquier régimen político. No son símbolos del gobierno de turno. Son símbolos de un pueblo. Eso es lo que los mantiene vivos, incluso cuando están lejos de casa.
Descubre en nuestro artículo completo cómo estos símbolos han permanecido como expresión de la identidad cubana a través de los siglos. Lee el análisis de Néstor Carbonell en nuestra revista.
En 1849, un poeta cubano llamado Miguel Teurbe Tolón diseñó la bandera que hoy conocemos. Tres franjas azules, dos blancas, un triángulo rojo y una estrella. Nada fue al azar. Las tres azules representaban los tres departamentos que dividían la isla; el triángulo rojo, los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que venían de Francia; la estrella, una nación independiente. Cada color, cada línea, tenía un propósito: contar la historia de un pueblo que quería ser libre.
El Escudo de la Palma Real es igual. Fue diseñado por el mismo Teurbe Tolón y es prácticamente un mapa de Cuba en forma heráldica. Arriba, el mar con una llave que simboliza el control del Golfo de México. Un sol naciente iluminando el futuro. Abajo, la palma real —el árbol más útil que ha conocido Cuba—, rodeada de montañas. Un gorro frigio coronando todo, el mismo que usaban los hombres libres en la antigüedad. Un haz de varas unidas con una cinta roja: la unión de todos los cubanos.
Estos símbolos fueron oficializados en 1906 bajo el primer presidente republicano, Tomás Estrada Palma, y desde entonces no han cambiado. Punto fijo en un mundo que se mueve constantemente. Mientras gobiernos van y vienen, mientras la política se retuerce en mil direcciones, la bandera y el escudo permanecen. Eso dice algo sobre su poder.
Néstor Carbonell Cortina, historiador y abogado que vivió la Cuba republicana antes de partir al exilio, ha dedicado parte de su obra a explicar estos símbolos como expresiones de la “Cuba Eterna”—una idea que va más allá de cualquier régimen político. No son símbolos del gobierno de turno. Son símbolos de un pueblo. Eso es lo que los mantiene vivos, incluso cuando están lejos de casa.
Descubre en nuestro artículo completo cómo estos símbolos han permanecido como expresión de la identidad cubana a través de los siglos. Lee el análisis de Néstor Carbonell en nuestra revista.


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