El bolero: cubano y oriental por Teresa Fernández Soneira
El bolero: cubano y oriental por Teresa Fernández Soneira
Era la década de 1950 en que tantos cantantes y orquestas cubanas estaban en el mejor momento de nuestra historia musical. Yo era aún una niña y me iba a pasar los fines de semana a casa de mi abuela paterna en la Habana Vieja. En la esquina de la calle había un bar con una vitrola que amenizaba la vida del barrio, y digo del barrio porque los decibeles eran tan altos, que sonaban a casi una cuadra de distancia sobre todo en las tardes. Aquella vitrola tocaba día y noche, y fue por ella como llegué a conocer muchos ritmos cubanos y a sus intérpretes. Ya por entonces amaba la música. Mi madre era aficionada a la radio, y le gustaba oír noticias, actualidades, pero sobre todo música, y luego tarareaba aquellas melodías de moda. Como estaba con ella en la casa, mi oído se acostumbró a escuchar aquellas canciones.
Tuve la gran suerte de vivir en esa década fabulosa de Cuba, antes de la debacle, en la que los boleros, sones, guarachas y chachachás fueron los reyes de la música. En esa vitrola de la Habana Vieja oí cantar a Olga Guillot “Miénteme”, a Miguelito Valdés y su “Bruca maniguá”. También a Celia Cruz interpretar “Caramelo”, y a Ñico Membiela “Muñeca de Cristal”. Y por supuesto sonaban La Sonora Matancera, el gran Beny Moré conocido como “el bárbaro del ritmo” interpretando “Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí...”, Barbarito Diez con la orquesta de Antonio María Romeu, a la orquesta Aragón y sus chachachás; la Riverside y su solista Tito Gómez quien inmortalizó “Vereda Tropical”, y así muchos, muchísimos más. La música cubana de entonces era un verdadero disfrute con tantos géneros y buenos cantantes y músicos; fue su época de oro. Nuestra música era tan buena que llegó allende los mares, dicen que a comienzos del siglo XX el bolero se oyó en Yucatán y en España, concretamente llegó a Santander donde también nuestras melodías eran gustadas y bailadas por muchos.
Quiero ahora narrarles la historia del bolero y para ello debo ir a la década de 1960 en Miami, cuando el exilio cubano tristemente se nutría más y más con cada avión que llegaba de la isla.
El exilio cubano del siglo XX
Al triunfo de la revolución comenzó en Cuba el éxodo político de cubanos a otras tierras. Los cubanos llevaron al exilio sus pocas pertenencias, pero también llevaron la música. A mediados de 1965 más o menos, se empezaron a establecer en Miami emisoras de radio, a emitirse programas de televisión, y más tarde pudimos disfrutar de espectáculos musicales en el Dade County Auditórium, único teatro de la ciudad entonces, que presentaba a los grandes de la música del mundo entero, no solo popular, sino también clásica. Allí muchos exiliados acudíamos con nostalgia a ver el festival folclórico musical conocido como Añorada Cuba, cuyo fundador y director fue el Reverendo Padre Jorge Bez Chabebe, junto con Pili de la Rosa y Demetrio Menéndez. Al entrevistarlo años después el padre Chabebe describió a “Añorada Cuba” como “un mensaje musical y patriótico afinado en el amor de Dios y a la patria inolvidable: Cuba.”1 El fin de esa obra, en parte, era ayudar a las nuevas generaciones de cubanoamericanos, los hijos de los exiliados, a conocer y apreciar la cultura, música y arte de la Isla. No podíamos dejar que muriera.En el Dade County Auditórium pude ver también a los pianistas Arthur Rubinstein y Alicia de Larocha; el Ballet Bolshoi, los Coros y Danzas de España, Plácido Domingo, José Carreras, Luciano Pavarotti, Marilyn Horne. Vi y admiré a Lola Flores, al guitarrista Pepe Romero, Rocío Dúrcal, Rafael, a la pianista Zenaida Manfugás; a las grandes cantantes Marta Pérez y Blanca Varela y a muchísimos más.
Un día me enteré de que iban a cantar en el Auditórium el dúo de Mara y Orlando, una pareja de jóvenes cubanos orientales, quienes montaban maravillosos espectáculos de música cubana y en los que daban al público, no solo una verdadera clase de música, sino que también era un recorrido por la historia de nuestro país. A mi madre le encantaba asistir a esos conciertos, y cuando anunciaban que estarían actuando, enseguida iba a comprar los boletos para asegurar las butacas. Aparte del deleite musical y de la clase y la profesionalidad de sus intérpretes, aquellos eran espectáculos muy emotivos pues Mara y Orlando nos hacían recordar la Cuba feliz de otros tiempos. Por un par de horas nos trasladábamos de forma imaginaria a nuestra querida isla. Más tarde empecé a asistir a los conciertos que ofrecía el dúo de Carlos y Marta. Estuve presente en el espectáculo que presentaron el 28 de enero de 2001 en el teatro Bellas Artes, y que dedicaban todos los años a honrar la memoria de José Martí. En ese concierto el dúo explicó al público que el primer bolero de la historia había sido compuesto e interpretado en Santiago de Cuba en 1883, por José “Pepe” Sánchez. Se titula “Tristezas” y es una melodía romántica, tristona, pero armoniosa y con mucha cadencia. La letra dice así:
Tristezas me dan tus quejas, mujer La suerte es adversa conmigo
Profundo dolor que dudes de mí no deja ensanchar mi pasión.
No hay prueba de amor que deje entrever Un beso me diste un día
Cuanto sufro y padezco por ti… Yo lo guardo en el corazón.
Un poco de historia
¿Cómo surge Tristezas? Veamos primero el marco histórico en el que se desenvuelve la historia. Con el arribo de los franceses a Santiago de Cuba a fines del siglo XVIII, se establecen en la ciudad varios artistas de diversos géneros quienes, en su mayoría, eran muy buenos profesores de música. Así es como comienza a enriquecerse el panorama musical santiaguero que hasta entonces era casi nulo, a no ser por la música en la iglesia a cargo del presbítero y músico habanero, Esteban Salas y Castro, y de algunos otros músicos amateurs que tocaban en bailes pero que eran escasísimos, como Manuel Villalón, Sánchez Cisneros, Pedro Miyares, Francisco de Soto y otros pocos más. Con los franceses comenzaron a darse conciertos de cuartetos y orquestas. Las selectas familias dominicanas emigradas a Cuba acudían a ellos; eran lo más culto que se había avecindado en Santiago. Y también asistían las acomodadas familias santiagueras de los Polanco, Anaya, Portuondo, Miyares, Hierrezuelo y otras. Estas estaban organizadas al extremo de producir buenas voces, más entre los hombres que entre las mujeres, “y su oído – como vulgarmente se dice – no común”,2 explica Juan Manuel Carbonell y Rivero.El siglo XIX siguió con un avance paulatino de las artes. Se daban conciertos en casas particulares. Comenzaron las tertulias literarias que casi siempre terminaban con música, bien fuera de alguien que en la casa tocaba el piano, o de un trio o cuarteto que improvisaba un repertorio en segundos. El presbítero habanero Esteban Salas (1725-1803), comenzó a enseñar a un grupo de la juventud acomodada de la ciudad. También Salas compone preciosas piezas que han quedado en nuestro repertorio musical religioso. Salas compra también algunos instrumentos para formar una orquesta en la catedral y poder ofrecer conciertos. Al fallecer Salas, le seguiría el padre Juan París, natural de Barcelona, quien también ofrecería clases de canto y de piano a un grupo de seminaristas. Poco a poco la vida musical en Santiago de Cuba fue evolucionando y mejorando en calidad y variedad.
Los trovadores y la música popular A mediados del siglo XIX surge un movimiento de músicos itinerantes llamados “trovadores” los cuales se desplazaban usualmente de un sitio a otro con el propósito de ganarse la vida cantando y acompañándose con la guitarra. Adquirieron gran relevancia como compositores e intérpretes, y sus canciones fueron adaptadas a muchos géneros de la música cubana. Entre ellos se encontraba José Vivanco Sánchez Hecheverría, más conocido como Pepe Sánchez, quien había nacido en Santiago de Cuba el 19 de marzo de 1856 en una casa cercana a los lugares donde trabajaban los integrantes de las congas "Los Hoyos" y "Carabalí Suama".
Aunque para ganarse la vida se desempeñaba como sastre, desde muy joven Pepe Sánchez había estado en contacto con el ambiente musical popular de Santiago. Pertenecía a la pequeña burguesía santiaguera, probablemente sin formación académica alguna, pero con ciertos conocimientos musicales, y cantaba con voz de barítono acompañándose a la guitarra las tonadas que se aprendía. Pepe invitaba a su casa a músicos de renombre como el gran inmigrante alemán, Germán Michelsen3, y al violinista habanero, Claudio Brindis de Salas4.
El primer bolero En 1883 Pepe Sánchez compone el primer bolero en la historia de Cuba y del mundo que se llamó “Tristezas”. También compuso numerosas canciones, muchas de las cuales nunca fueron transcritas y se perdieron para siempre, aunque otras sobrevivieron gracias a que amigos y alumnos lograron transcribirlas. Entre ellas están: la trilogía “Rosa N°1”, “Rosa N°2”, “Rosa N°3”; “Cristinita”, “Te vi, te amé”, “Cuando escucho tu voz”, “Caridad” y “Naturaleza”, que se encuentran entre las más famosas de su repertorio. Los temas pueden versar sobre el amor, la mujer, la belleza de la isla de Cuba. Hay otras también de temas patrióticos como el “Himno a Maceo” y “Cuba, mi patria querida”, ya que Pepe estaba muy identificado con el movimiento revolucionario porque por entonces se libraba la Guerra de Independencia, y él se había vinculado a las grandes figuras orientales: Guillermo Moncada, los hermanos Maceo, Quintín Bandera. Por aquellos años pensó en irse a la manigua, pero sus amigos lo disuadieron ya que decían que él era más necesario en la ciudad.
Desde fines del siglo XIX estuvo Sánchez al frente de un cuarteto y luego de un quinteto integrado por Emiliano Blez y el propio Sánchez como guitarristas, con las voces de Pepe Figarola, Bernabé Ferrer, y Luis Felipe Porte. Se dice que en 1911 grabó con este quinteto algunos títulos en La Habana pero que no han sido encontrados. También creó música para anuncios comerciales que se difundieron antes del nacimiento de la radio. Las primeras grabaciones de bolero se hicieron en los primitivos cilindros Edison inventados por Tomás Edison en los Estados Unidos, y que fueron muy populares entre 1887-1915. Los boleros de Pepe Sánchez estuvieron también cantados por el tenor Adolfo Colombo, primera voz del quinteto de Alberto Villalón. Pero cuando en 1922 llegó la radio a Cuba, entonces sí que la música tuvo una difusión importante que no ha cesado desde entonces.
El quinteto de Villalón, junto al compositor Sindo Garay, fueron los responsables de llevar el bolero no sólo a la capital cubana, sino fuera de la isla: Villalón a México, concretamente a Veracruz, y en ciudad México se grabó “Tristezas” con el nombre de “Un beso”. Por su lado Sindo Garay y Emiliano Blez lo llevaron a San Juan de Puerto Rico. Por esta época también se distinguió la cantante y guitarrista María Teresa Vera, quien comenzó a cantar boleros y sones a los 15 años, y en 1918 se presentó en el Teatro Apolo de Nueva York. Pero ella se merece un artículo aparte.
José “Pepe” Sánchez falleció en Santiago de Cuba el 3 de enero de 1918. Pocos cubanos conocen su vida y su contribución a la música de nuestro país, por eso hoy he querido rendirle este homenaje. Para disfrutar más este legado, les dejo “Tristezas” interpretado por el dúo de Carlos y Marta y también por el de Willy Chirino y Lissette.
Nota: Agradezco al cantante, poeta y escritor Orlando González Esteva, su colaboración con algunos datos y con la foto del dúo de Mara y Orlando.
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Artículo publicado en el blog Gaspar El Lugareño, Miami, 15 de diciembre, 2024
Quinteto de "Pepe" Sánchez hacia 1910. Aparecen de izquierda a derecha, sentados "Pepe" Sánchez y Emiliano Blez, y en la segunda fila Luis Felipe, Pepe Figarola y Bernabé. Foto Internet.
Dúo de Carlos y Marta. 28 enero 2001 Teatro Bellas Artes, Carlos y Marta
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Willy Chirino y Lissette, de su CD “Amarraditos”
Dúo de Mara y Orlando c. 1990, en el Dade County Auditórium. Cortesía de Orlando González Esteva. Todos los derechos reservados©. Prohibida la reproducción.
Programa de una función de “Añorada Cuba”, de julio 1965
Añorada Cuba: Libro. Publicado por Herencia. Cortesía Padre Chabebe
Bibliografía Consultada
1 La Voz Católica, diciembre 2018.
2 Juan Manuel Carbonell Rivero, (1880-1968), Las bellas artes en Cuba, Imprenta el Siglo XX, La Habana 1928. Fue un escritor y diplomático cubano, hijo del patriota Néstor Leonelo Carbonell.
3 Germán Michelsen, (1851 Oldemburgo, Alemania- Santiago de Cuba 1928), además de gerente y de las grandes fundaciones y mejoras a la ciudad de Santiago, incursionó en la esfera artística, específicamente en la música y la pintura, y creó y sostuvo en su casa una sociedad artística para el cultivo de la música clásica alemana cuyo nombre fue Sala Haydn, en la cual actuaba como pianista acompañante y dirigida por el maestro Rodolfo Hernández Soliliac.
4 Claudio Brindis de Salas y Garrido (La Habana, 1852 - Buenos Aires, 1911) fue un músico y violinista cubano conocido como el «Paganini negro» y considerado uno de los mejores violinistas de su época, también llamado "El rey de las octavas".


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