LA NACIÓN CUBANA

 LA NACIÓN CUBANA

Estas palabras están dedicadas a José Julián Martí (1853-1895), nuestro Apóstol, visionario y artífice de la Nación Cubana.

Por Luis Mejer-Sarrá.





Abrumado por la falta de patriotismo de los cubanos exiliados de aquella época y de los sentimientos anexionistas de muchos, Martí, viviendo en Nueva York en 1891, renuncia a sus posiciones de cónsul de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay, y también a la presidencia de la Sociedad Literaria Hispano-Americana, así como a su papel como columnista del periódico La Nación, para consagrarse por completo a coordinar la nueva guerra de liberación de Cuba.

El 25 de noviembre de 1891 llega Martí a Ibor City, Tampa, donde residían los tabaqueleros exiliados, siempre prestos a contribuir con sus escasos recursos a la causa libertadora. Esa noche, en el Liceo Cubano y bajo la ovación de los concurrentes, Martí inicia su famoso discurso, del cual reproducimos algunas palabras a continuación, sacadas del libro de Gonzalo de Quesada y Miranda, Martí, Hombre:

"Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella."

"Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla de un hombre no debe recibir una bofetada que reciba cualquier mejilla de otro hombre... O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para vedarlas trabajamos y no para sueños."

"Ha llegado la hora de llevar la guerra inmediata al triunfo. ¡Ahora a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no ganaremos pueblos! ¡Basta de meras palabras! Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos para la república verdadera… ¡Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos y para el bien de todos!".

Y esa estrella blanca y solitaria de nuestra bandera llora hoy de tristeza puesto que la Nación Cubana está dividida. La Nación Cubana vive hoy en el exilio. Vive en los Estados Unidos y en el resto de las Américas. Vive en Europa, en África y hasta en el Oriente, donde quiera que haya un cubano libre añorando el regreso. Ahora, en el siglo XXI, necesitamos del espíritu de nuestro Apóstol para que nos ilumine y nos guíe. Que la sangre de nuestros mambises no se haya derramado en vano. Y para honrarlo a él necesitamos la reconciliación de todos los cubanos en una patria libre y única, la Nación Cubana.

Este número de Herencia celebra la personalidad del General Calixto García Iñiguez (1839-1898). Nacido en Holguín, participó en las tres guerras independentistas desde los 18 años. Considerado como un brillante estratega, también jugó un papel importante en la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Bajo su mando peleó José Francisco Martí Zayas Bazán a los 17 años, hijo de José Martí, en la guerra de 1895. José Francisco rehusó montar a Baconao, el caballo blanco de su padre difunto, que le había sido ofrecido.



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